T. La iglesia: ¿Qué es la Iglesia?

Miramos la realidad

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”[1].

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”[1].

¿Qué sentido tiene la Iglesia? ¿Por qué simplemente cada uno no busca a Dios a “su manera”?

Preguntas como éstas escuchamos frecuentemente entre nuestros amigos, profesores, y familiares. Al mismo tiempo escuchamos el clamor de las personas que desean que el mundo cambie, que no exista el mal. Pero… ¿Podemos cambiar el mundo con nuestras propias fuerzas?

¿Acaso no es Dios el único que puede obrar la conversión en los corazones?

El Señor Jesús ha querido permanecer con nosotros, a través de su Iglesia, para que podamos conocer, recibir y vivir cotidianamente el don de la Reconciliación que nos ha regalado y también para llamar a toda la humanidad hacia la verdadera felicidad.

¿Sabes qué es la Iglesia y cuál es su misión?

 

Iluminamos al mundo con la fe

1. ¿Qué es la Iglesia?

La palabra “Iglesia” proviene del griego εκκλεσια (ekklesia) y designa a una reunión de personas que se juntan con un fin religioso: “en el lenguaje cristiano, la palabra Iglesia designa no sólo la asamblea litúrgica sino también la comunidad local o toda la comunidad universal de los creyentes”[2].

El origen de la Iglesia está en Dios mismo, que desde toda la eternidad quiso instituirla como medio de salvación.  “En efecto la Iglesia ha sido prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza”[3]. Al llegar la plenitud de los tiempos, El Señor Jesús instituye la Iglesia, lo que se da en varias etapas, entre las cuales están:

• La Anunciación-Encarnación.

• La predicación del reino, con Pedro
como cabeza.

• La elección de los doce apóstoles.

• La institución de la Eucaristía.

• La muerte en la Cruz.

• La manifestación de la Iglesia a todo el mundo en Pentecostés.

La Lumen Gentium, la Constitución Dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, señala que la Iglesia es un misterio.

Pero ¿Qué significa que la Iglesia sea un misterio?

“En la Iglesia es donde Cristo realiza y revela su propio misterio como la finalidad del designio de Dios: ‘recapitular todo en Cristo’[4][5].

La palabra misterio no se entiende en el lenguaje cristiano como algo arcano u oculto. Sino que se refiere a una realidad que en parte podemos conocer –y debemos hacerlo-, aunque no lo podemos hacer plenamente. La palabra misterio es la misma palabra que se usa para otra realidad muy importante: los sacramentos. Decir que la Iglesia es un misterio significa entenderla desde Cristo, donde encuentra su identidad, pues, hace presente a Cristo en el mundo y nos da la posibilidad de que a través de ella podamos acoger el don de la reconciliación.

 

a. La Iglesia, misterio de Comunión y Reconciliación

Es en la Iglesia donde desde el Bautismo se da inicio a nuestra vida de fe: “Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión”[6]. Es en la Iglesia donde los hombres y mujeres que hacemos parte de ella nos reconciliamos con Dios y encontramos que Dios  nos regala todos los medios necesarios para nuestra salvación.

 La reconciliación de la que hablamos, que proviene de la amorosa misericordia de Dios y que nos ha sido concedida en y por el Señor Jesús, nos llega a través de la comunidad eclesial. La Iglesia tiene una misión especialmente reconciliadora. Esta misión atañe al ser humano en todas sus dimensiones y se abre en una fraterna proyección a todos los seres humanos. La “Iglesia, que es experta en humanidad”[7], no lo es por sí misma, sino porque ha recibido del Señor Jesús la verdad sobre el hombre, la que conserva en el Depósito de la Fe, y que transmite y testimonia bajo la acción del Espíritu Santo.

La misión reconciliadora de la Iglesia tiene su plenitud en el Señor Jesús, quien fue enviado al mundo para reconciliarnos. Este don de la  reconciliación o nueva creación es un don de Amor que habiendo sido obrado por el Señor Jesús, nos invita a todos a participar de él, para así ser nuevas criaturas, configurándonos hasta la medida del mismo Señor Jesús. Mas aún, “en efecto, el Verbo de Dios asumiendo en todo la naturaleza humana menos en el pecado, manifiesta el plan del Padre, de revelar a la persona humana el modo de llegar a la plenitud de la propia vocación … Así, Jesús no sólo reconcilia al hombre con Dios, sino que lo reconcilia también consigo mismo revelándole su propia naturaleza”[8].

La Iglesia no es ajena a la misión reconciliadora del Señor Jesús, todo lo contrario, ella participa de ésta, prolongando la presencia de Cristo y obrando la reconciliación pues la Iglesia es depositaria del misterio de la reconciliación y debe anunciar el Evangelio de la Reconciliación.

 

b. Algunas figuras de la Iglesia

Por ser un misterio, podemos recurrir para su descripción a diversas figuras, imágenes y símbolos que muestran algo de lo que la Iglesia es, enriqueciendo nuestra comprensión de ella.

Existen figuras con las que el Concilio Vaticano II se aproxima a la Iglesia para explicarla mejor. Entre ellas hay dos que merecen un comentario especial. Nos referimos a las nociones de Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo[9].

b1. Iglesia Pueblo de Dios

Nunca estamos solos, formamos parte de una familia de hermanos que recorren el mismo camino: somos parte de la Iglesia.” Papa Francisco, JMJ Rio 2013

Nunca estamos solos, formamos parte de una familia de hermanos que recorren el mismo camino: somos parte de la Iglesia.”
Papa Francisco, JMJ Rio 2013

Lo encontramos señalado en la Primera carta de Pedro: “Pero vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz. Vosotros que en un tiempo no erais pueblo y que ahora sois el nuevo Pueblo de Dios”[10].

 San Pedro hace referencia al pueblo de Israel, de quien la Iglesia es realización plena. Y al referirnos a la Iglesia como Pueblo de Dios, entendemos lo siguiente:

• Que existe una continuidad con Israel, al mismo tiempo que una absoluta novedad por ser ahora Cristo el centro de nuestra fe.

• Que la Iglesia es la realización en el tiempo de la promesa de salvación del Señor.

• Que la igualdad de todos los miembros, está dada por el bautismo.

• Que se trata de un pueblo universal, porque la Iglesia convoca a todos los hombres y mujeres sin importar la raza, cultura o lengua.

• Que su identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo.

• Su ley, es el mandamiento nuevo: amar como el mismo Cristo nos amó.

• Su misión es ser la sal de la tierra y la luz del mundo.

• Su destino es el Reino de Dios, que Cristo mismo comenzó en este mundo y que ha de ser extendido hasta que Él mismo lo lleve también a su perfección.

 

b2. Iglesia Cuerpo de Cristo

Esta imagen del cuerpo expresa otra importante realidad de la Iglesia. El origen de la misma se encuentra en las cartas de San Pablo[11].

“Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”[12].

El afirmar que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo implica lo siguiente:

• Se trata de un cuerpo sobrenatural, es decir, místico y visible.

• En este cuerpo, Cristo es la cabeza que guía, orienta y vivifica, mientras que los cristianos somos los miembros del cuerpo.

• Se trata de un cuerpo donde todos tienen diferentes funciones.

• En la Iglesia el Espíritu Santo es como su alma porque es el que anima y santifica a los miembros. Esta figura indica la unidad y al mismo tiempo la diversidad que hay en la Iglesia.

Así pues, el Espíritu Santo actúa de múltiples maneras en la Iglesia, edificando a todo el cuerpo místico en la caridad de Cristo, por la Palabra de Dios, por los sacramentos, por las virtudes que nos llevan a obrar bien y por los carismas[13].

 

2. Características o notas de la Iglesia

El Concilio Vaticano II habla de la “única Iglesia de Cristo que, en el Credo confesamos como, una, santa, católica y apostólica”[14]. Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí, indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión[15].

“Te pido que todos ellos estén completamente unidos, que sean una sola cosa en unión con nosotros, oh Padre así como tú estás en mí y yo estoy en Ti que estén completamente unidos para que el mundo crea que Tú me enviaste”[16].

a. La Iglesia es una 

Esta unidad de la Iglesia puede entenderse de dos maneras. Por un lado, hablamos de una unidad o unicidad externa que significa que no existe más que una única Iglesia, que es la que Cristo fundó y que históricamente continúa hasta nosotros, esa Iglesia es la Católica; por otro lado, hablamos también de una unidad interna. La Iglesia se mantiene siempre una, no obstante, su gran diversidad que procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la multiplicidad de las personas que los reciben, de las limitaciones y defectos humanos[17].

Además, la Iglesia es una por lo siguiente:

• Por su origen o fundador, porque el que la ha fundado es único, Cristo quien le da el Espíritu Santo, para que se mantenga unida.

• Porque posee los medios que le permiten mantenerse unida. Estos medios son de tres tipos: la fe, ya que creemos exactamente lo mismo; la celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos.

• Por la sucesión apostólica que se realiza a través del sacramento del orden sagrado.

 

b. La Iglesia es santa

 “Ustedes son linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido para anunciar alabanzas…”[18].

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que “La Iglesia es santa porque está unida a Cristo, está santificada por Él; por Él y con Él. Ella también ha sido hecha santificadora ‘Todas las obras de la Iglesia se esfuerzan en conseguir la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios’[19]. En la Iglesia es en donde está depositada ‘la plenitud total de los medios de salvación’[20]. Es en ella donde ‘conseguimos la santidad por la gracia de Dios’[21][22]

Hay muchos elementos que santifican a la Iglesia, como luego veremos, pero el más importante siempre es el amor, como nos decía el Señor Jesús, la señal de los cristianos será el amor. La caridad es el alma de la santidad, a la que todos estamos llamados.

La Iglesia es santa por lo siguiente:

• Por su fundador, porque Dios la llamó y le dio origen; Cristo, quien la instituyó, es santo; y el Espíritu Santo, que la anima, es santo.

• Porque posee los medios de santificación que son los sacramentos, canales de gracia y santidad.

• Porque posee las estructuras que permiten una vida de santidad,  como las órdenes religiosas, las parroquias, movimientos eclesiales, etc.

• Porque en ella destacan algunas personas que han brillado por su santidad de vida (santos canonizados / beatificados).

• Todo esto lo tiene la Iglesia por gracia de Dios, no por ella misma o sus propios méritos.

Al canonizar a ciertos fieles, es decir, proclamar solemnemente que han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad de la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores[23].

“La Iglesia es, pues, santa aunque abarque en su seno pecadores; porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se alimentan de esta vida, se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y manchas del alma, que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. Por lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo”[24].

 

c. La Iglesia es católica

“Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra, id pues y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” [25]

909386_79289802

La palabra católica significa universal. Este carácter de universalidad, que distingue al Pueblo de Dios, es un don del mismo Señor. Gracias a este carácter, la Iglesia Católica tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como cabeza, en la unidad del Espíritu. “Todos los  hombres están llamados a formar parte del nuevo Pueblo de Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y único, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para así cumplir el designio de la voluntad de Dios, quien en un principio creó una sola naturaleza humana, y a sus hijos, que estaban dispersos, determinó luego congregarlos”[26].

Somos “edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas siendo la piedra angular Cristo mismo”[28].

Un punto importante a considerar es el hecho de que cada una de las iglesias particulares son católicas, en tanto que comulgan y se unen a la Iglesia de Roma, pues, ella es el único fundamento y base de las mismas. “Guardémonos bien de concebir la Iglesia universal como la suma, o si se puede decir, la federación más o menos anómala de Iglesias particulares esencialmente diversas. En el pensamiento del Señor es la Iglesia, universal por vocación y por misión, la que, echando sus raíces en la variedad de terrenos culturales, sociales, humanos, toma en cada parte del mundo aspectos, expresiones externas diversas”[27].

 

d. La Iglesia es apostólica 

La Iglesia es apostólica porque fue edificada por Cristo sobre el fundamento de los Apóstoles, que fueron los testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Señor Jesús.

La Iglesia guarda y transmite la Buena Nueva de Jesús comunicada por los apóstoles con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los Apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones”[29].

Esto lo hace porque sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles, gracias a quienes los suceden en su ministerio pastoral: los obispos, “a los que asisten los presbíteros juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia”[30].

“Porque no abandonas nunca tu rebaño, sino que, por medio de los santos pastores, los proteges y conservas, y quieres que tengan siempre por guía la palabra de aquellos mismos pastores a quienes tu Hijo dio la misión de anunciar el Evangelio”[31].

Los Apóstoles de Jesús están autorizados para ser “Ministros de Dios”[32], “embajadores de Cristo”[33], “servidores de Cristo y administradores de los ministerios de Dios”[34].

“La misión divina confiada por Cristo a los apóstoles, tiene que durar hasta el fin del mundo, pues, el Evangelio que tienen que transmitir es el principio de toda la vida de la Iglesia. Por eso, los Apóstoles se preocuparon de instituir sucesores”[35].

 Los obispos son los sucesores de los Apóstoles. Tienen su misma misión.

Estamos invitados a participar activamente en la misión evangelizadora de la Iglesia, anunciando a tiempo y a destiempo al Señor Jesús como Camino, Verdad y Vida.

Estamos invitados a participar activamente en la misión evangelizadora de la Iglesia, anunciando a tiempo y a destiempo al Señor Jesús como Camino, Verdad y Vida[36].

Nosotros como miembros de la Iglesia estamos llamados a participar en esta inmensa tarea. Así pues, la misión apostólica de la Iglesia no sólo es tarea de los obispos. Toda la Iglesia es apostólica en cuanto ella es “enviada” al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tenemos parte en esta hermosa tarea.

“Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar. Quienes creemos en el Señor Jesús afirmamos que Él es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio, llamó a los que Él quiso, y vinieron donde Él. Instituyó Doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar. Desde entonces, serán sus ‘enviados’ (es lo que significa la palabra griega Apostoloi). En ellos continúa su propia misión: ‘Como el Padre me envió,  también yo os envío’[37]. Por tanto, su ministerio es la continuación de la misión de Cristo. Pero no sólo a los primeros apóstoles y sus sucesores compete esta misión: ‘Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es ‘enviada’ al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado’[38]. Su misión, la misión de todos los que somos sus hijos, es la de evangelizar”[39].

 

3. Organización de la Iglesia 

“Jesucristo, Pastor eterno, edificó la santa Iglesia enviando a los Apóstoles de la misma manera que Él había sido enviado por el Padre[40], y quiso que sus sucesores, que son los obispos, fueran apóstoles de su Iglesia hasta el fin de los tiempos y, para que el episcopado fuera uno e indiviso, puso a San Pedro a la cabeza de los otros apóstoles y estableció en él el fundamento y el principio perpetuo y visible de la unidad de la fe y de la comunión”[41].

“La Iglesia, comunidad sacerdotal, sacramental y profética, fue instituida por Jesucristo como sociedad estructurada, jerárquica y ministerial, en función del gobierno pastoral para la formación y el crecimiento continuo de la comunidad”[42]. Por esto es que la Iglesia, el Pueblo de Dios, está constituida por:

• La Jerarquía de la Iglesia:

   – El Papa, los obispos, los presbíteros y los diáconos

• Los fieles laicos

• La vida consagrada

La Iglesia aunque es un misterio, también ha sido organizada y estructurada como una sociedad estatal. Con el Pacto de Letrán, suscrito entre Italia y la Santa Sede el 11 de febrero de 1929, Italia le reconoce a esta última plena propiedad, exclusiva y absoluta potestad y jurisdicción soberana sobre determinado territorio de la ciudad de Roma, que se llama “Estado de la Ciudad del Vaticano”.

 

4. Conclusión

Amar a la Iglesia es Amar a Cristo mismo. Hemos conocido la fe gracias a la Iglesia, hemos conocido al Señor Jesús gracias a la Iglesia. Estamos invitados a amarla como la ama Cristo, estamos invitados a cooperar activamente en su misión evangelizadora, buscando llevar la Luz del Señor Jesús a tantos hermanos nuestros que sufren en la mentira, el frío y la oscuridad. Recordemos el mensaje que nos dirigió el Santo Padre Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia: “Quien ha descubierto a Cristo debe llevar a otros hacia Él. Una gran alegría no se puede guardar para uno mismo. Es necesario transmitirla. En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marcha igualmente sin Él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así! Verdaderamente no. Y de este modo, junto a olvido de Dios existe como un boom de lo religioso. No quiero desacreditar todo lo que se sitúa en este contexto. Puede darse también la alegría sincera del descubrimiento. Pero exagerando demasiado, la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que place, y algunos saben también sacarle provecho. Pero la religión buscada a la ‘medida de cada uno’ a la postre no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte. Ayudad a los hombres a descubrir la verdadera estrella que indica el camino: ¡Jesucristo! Tratemos nosotros mismos de conocerlo siempre mejor para poder guiar también, de modo convincente, a los demás hacia Él”.

 

“No puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia como Madre”[43].

Interiorizamos

 ¿Cómo vivo esto?

Jesus

“Y yo a mi vez te digo que tú eres
Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del hades no prevalecerán contra ella”.
Mt 16,18.

El Señor Jesús ha venido a la tierra para darnos el don de la Reconciliación. Este don lo recibimos a través de la Iglesia que ha fundado y a quien le ha encomendado ser sacramento de comunión entre Dios y nosotros, y entre nosotros mismos.

Preguntas para el diálogo

• ¿Valoras el don que Dios te ha entregado en la Iglesia?

• ¿Amas a la Iglesia como la ama el Señor Jesús? ¿Qué te falta para amarla más?

• ¿Has leído algún mensaje, encíclica, etc., que el Santo Padre da a toda la Iglesia, con los que transmite y actualiza el mensaje de Cristo para el hombre de hoy?

• Cristo es la cabeza de la Iglesia, y tú eres parte del cuerpo de la Iglesia. ¿Eres consciente que tienes la responsabilidad de hacerla presente en el medio donde te desempeñas? ¿Qué puedes hacer para colaborar con la misión apostólica de la Iglesia?

• Responde a las preguntas que están al inicio de este tema: ¿Qué sentido tiene la Iglesia? ¿Porqué simplemente cada uno no busca a Dios a “su manera”?

Vivamos nuestra fe

¿Qué haré para cooperar con la gracia?

suxidina caminando azulcopia

Acciones personales

• Reza todos los días pidiéndole al Señor por la Iglesia y su misión.

• Cuando vayas a la misa dominical esfuérzate por tener una mayor conciencia de tu pertenencia a la Iglesia, sobre todo, en los momentos de la plegaria eucarística donde se pide por ella.

• Conoce la página web del Vaticano: www.vatican.va. Entra a ella e investiga la información que contiene. Ésta te servirá para tu formación en la fe de la Iglesia. Empieza por leer la Catequesis que dio el Santo Padre en el Angelus, de este miércoles.

• Ingresa también a la página de noticias Aciprensa: www.aciprensa.com, leyéndolas estarás enterado del último acontecer de la Iglesia.

 • Medita en el Camino Hacia Dios n. 182, “Nueva evangelización”, puedes  encontrarlo también en www.caminohaciadios.com

Acciones comunitarias

• Participen como grupo en alguna celebración litúrgica de su diócesis, para acompañar a su obispo.

• Lean la Constitución Dogmática Lumen Gentium y compartan sus reflexiones en el grupo. La pueden encontrar en la página web del Vaticano.

• Realicen una actividad apostólica como grupo con la conciencia de que al hacerlo están colaborando activamente en la misión de la Iglesia a la que somos convocados.

• Vean el video de la vigilia del Papa Francisco con los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud, Rio 2013.

 

Celebramos nuestra fe

Recemos en Comunidad

suxidin rezando copia

Todos:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lector 1:

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las
puertas del hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los
Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la
tierra quedará desatado en los cielos”[44].

 

Monitor:

El Señor Jesús ha querido permanecer entre nosotros a través de su Iglesia, entregándonos el don de la Reconciliación que nos vino a traer. El Santo Padre, sucesor de Pedro, es quien lo representa, conduciendo a la Iglesia en unidad hacia la vida eterna. Terminamos nuestra oración cantando “Tú eres Pedro”.

Todos:

1. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré, edificaré, edificaré mi Iglesia.

BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR. (4v)

2. Y el poder de la muerte no la podrá destruir. (2v)

3. Mensajero de paz, de armonía y amor, ayuda a los hombres a encontrar a Dios.

Todos:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 —————————————————————————————————————————————

 

—————————————————————————————————————————————

NOTAS

1. Mt 16, 18.

2. Catecismo de la Iglesia Católica, 752.

3. Op. Cit. 759.

4. Ef 1, 10.

5. Catecismo de la Iglesia Católica, 772.

6. Op. Cit. 1213.

7. Discurso de clausura del 7 de diciembre de 1965. Y proclamada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: “La Iglesia es experta en humanidad” (4 de octubre de 1965).

8. Ecclesia in America, 10

9. Lumen Gentium, 7, 9.

10. 1Pe 2, 9-10.

11. Ver 1Cor 12, 27; Col 1, 17-18; 1, 24.

12. 1Cor 12, 12-13.

13. “Los carismas son gracias del Espíritu Santo que tienen directa o indirectamente una utilidad eclesial; los carismas están ordenados a la edificación de laIglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo” Catecismo de la Iglesia Católica, 799.

14. Lumen Gentium, 8.

15. Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 811.

16. Jn 17, 21.

17. Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 814.

18. 1Pe 2, 9.

19. Sacrosantum Concilium, 10.

20. Unitatis Redintegratio, 3.

21. Lumen Gentium, 48.

22. Catecismo de la Iglesia Católica, 824.

23. Ver Lumen Gentium, 40, 48-51.

24. Solemne Profesión de fe que Pablo VI pronunció al concluir el Año de la fe, el 30 de junio de 1968, n. 19.

25. Mt 28, 18-19.

26. Lumen Gentium, 13.

27. Evangeli Nuntiandi, 62.

28. Ef 2, 20.

29. Hch 2, 42.

30. Ver Decreto Ad Gentes, n. 5, Concilio Vaticano II.

31. Prefacio de la Misa de los Apóstoles.

32. 2Cor 6, 4.

33. 2Cor 5, 20.

34. 1Cor 4, 1.

35. Lumen Gentium, 20.

36. Ver Jn 14, 6-14.

37. Jn 20, 21.

38. Catecismo de la Iglesia Católica, 863.

39. Camino Hacia Dios, 97.

40. Ver Jn 20, 21.

41. Lumen Gentium, 18.

42. Juan Pablo II, Catequesis sobre el Credo, Tomo IV/1, Vida y Espiritualidad, Lima 2001, p. 213.

43. San Cipriano de Cartago, Obispo y Mártir.

44. Mt 16, 13-20.

  • Los siguientes archivos van a ayudarte a preparar tu reunión de grupo. (Todas las indicaciones y material que encontrarás aquí para el animador, también se encuentran en el DVD DEL ANIMADOR, que puedes solicitarlos en [email protected])
  • 1. Descarga aquí la estructura del tema.
    Ver documento
  • 2. Motivaciones iniciales
    Ver documento
  • 3. Actividades
    Ver documento
  • 4. Texto - La Iglesia es un misterio
    Ver documento
  • 5. Canción - Iglesia Peregrina
    Ver documento
  • 6. Canción - Iglesia Peregrina
    Escuchar Audio
  • 7. Video - ¿Por qué existe la Iglesia?
    Ver Video
  • 8. Video - Entrevista al Papa Francisco
    Ver Video
  • 9. Canción - Tú eres Pedro
    Ver documento
  • 10. Canción - Tú eres Pedro
    Escuchar Audio
  • 11. Referencias al Catecismo
    Ver documento
Close