T. ¿Me encuentro con el Señor Jesús en la vida cotidiana?

Miramos la realidad

“Sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios”.

“Sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios”[1].

Es innegable que hoy en día el hombre da un valor muy grande a la acción que transforma su entorno y que lo realiza a sí mismo. Podemos considerar esto como un importante signo de los tiempos que nos invita a reflexionar sobre el quehacer humano, su relación con el Plan de Dios y la importancia en nuestro camino de santidad.

El ser humano está llamado a su realización plena a través del Plan que Dios ha dispuesto para él. Nuestra Espiritualidad se caracteriza por vivir la acción procurando integrarla armónicamente con la oración, y de esta manera escuchar atentos los designios divinos en la vida cotidiana.

¿Cómo encontrarnos con el Señor Jesús en medio de todas las responsabilidades y acciones que realizamos?

¿Cómo hacer vida esta opción fundamental?

 

Iluminamos al mundo con la fe

Dios nos ha llamado a ser santos, en nuestra vida cotidiana. En este tema reflexionaremos cómo encontrarnos con Cristo en medio de la acción, en nuestro día a día. La conformación con el Señor Jesús se forja de una manera integrada, sin divisiones. Toda nuestra vida debe ser un fiel cumplimiento del Plan de Dios y ésta es la razón de nuestra verdadera felicidad. En este sentido, resulta primordial llevar a la práctica nuestro lema:

 

                                      “Oración para la vida y el apostolado, vida y apostolado hechos oración”.

 

Este camino de armonía e integración de la oración y la acción, que nos permite dar gloria a Dios y responder con generosidad al Señor Jesús, es lo que llamamos Espiritualidad de la Acción.

Esto es, ponerse en presencia del Señor a la escucha de su Palabra, acogerla y meditarla en la intimidad del corazón, para volcarse luego a la acción fecunda en la que —fortalecidos por la gracia y en cooperación con ella— se pone por obra la Palabra escuchada.

La oración constituye una dimensión fundamental de la vida del ser humano. La oración se hace concreta y se despliega en la acción, sin embargo, oración y acción no pueden vivirse como polos opuestos, al contrario se trata de integrar estas dos dimensiones de la vida humana para que den frutos de despliegue personal en la vida cotidiana y en el apostolado, vocación a la que está llamado todo cristiano.

Es importante aprender a vivir de manera cotidiana la integración de estas dos dimensiones de la existencia humana -oración y acción-, evitando cualquiera de los dos extremos negativos. Por un lado una actitud meramente pasiva que no lleva la oración a una acción consecuente; y, por el otro, un activismo desordenado que no dé gloria a Dios.

 

1. Oración para la vida y el apostolado

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Como hemos visto en el tema anterior, desde su nacimiento, el ser humano está invitado al diálogo con Dios, a un encuentro personal con el Padre que no es opcional y accesorio, sino que es un anhelo, una necesidad vital y permanente del hombre. La oración es diálogo, es comunión, es relación personal y personalizante, es entrega íntima. De ahí que quien prescinde de la oración en su existencia, mutila su vocación a ser persona humana, ya que priva a su ser del impulso fundamental que es el encuentro con lo divino.

Así “la oración para la vida y el apostolado” nos exige mantener en el día momentos fuertes de oración, en intensidad y dedicación, para que ese encuentro particular con el Padre se traduzca en obras concretas y en ello dar gloria a Dios, abriéndonos a la gracia y permitiendo que la acción del Espíritu fructifique de manera fecunda y abundante.

Existen formas concretas y sencillas de hacer oración: la participación  activa en la Eucaristía; la meditación bíblica; el rezo frecuente del Rosario y otras devociones a Santa María; las visitas frecuentes al Santísimo; la lectura espiritual; la liturgia de las horas, entre otras.

 

2. Vida y apostolado hechos oración

“Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que os ofrezcáis a vosotros mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; tal será vuestro culto espiritual”[2].

Toda nuestra vida debe ser una ofrenda permanente a Dios, que oriente nuestros actos cotidianos según el designio divino, esforzándonos por el encuentro configurante con el Señor Jesús, donde nuestros pensamientos y acciones sean como los del Hijo de María. En ese sentido podríamos hablar de una “acción orante”.

La misma acción puede convertirse en oración, como hemos indicado antes, en la medida en que sea respuesta a Dios que nos revela su Plan de amor.

 

La misma acción puede convertirse en oración, en la medida que es fiel al Plan de Dios para cada uno.

La misma acción puede convertirse en oración, en la medida
que es fiel al Plan de Dios para cada uno.

Se trata de mantener los llamados “momentos fuertes” de oración en el día y a la vez hacer de la vida entera una oración incesante, a través de nuestras “acciones orantes”. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma por ello que, “no se puede orar ‘en todo tiempo’ si no se ora, con particular dedicación, en algunos momentos: son los tiempos fuertes de la oración cristiana, en intensidad y en duración”[3].

Toda nuestra vida debe ser una ofrenda permanente a Dios, que oriente nuestros actos cotidianos según el designio divino.

Ciertamente es todo un reto el mantener una intensa vida de oración, pero no es menor desafío el que esa intensidad espiritual se traduzca en obras concretas de despliegue personal en la vida cotidiana y en el apostolado. Todo ello como una cooperación más activa con la gracia. Quien se ha encontrado con el Señor Jesús no puede permanecer indiferente, pues, se ve impulsado a un mayor amor, afectivo y efectivo, a Dios, a sí mismo y a los demás. La conversión personal, el servicio y el anuncio apostólico son sólo algunos de los frutos en los que se despliega la oración.

De esta manera, la oración debe nutrir cada instante de nuestra vida y cada acción apostólica, para que los frutos de este actuar sean una respuesta fiel al Plan de Dios. Así seremos capaces de vivir el horizonte de una “vida y apostolados hechos oración”, que nos invita a una presencia constante de Dios, haciendo de nuestra vida un despliegue santo y un apostolado fecundo.

 

En la apertura al Espíritu —que permite la oración— donde el Señor Jesús se nos revela, se nos muestra y pone de manifiesto quiénes somos[4]. Y en ese encuentro cercano y personal con Jesús nos renovamos interiormente para emprender cada día la misión que se nos encomienda, haciendo de nuestra vida una plegaria constante

 

Estamos llamados a hacer de nuestra vida una “acción orante” que permita hacer de todo nuestro día un acto litúrgico.

 

3. Algunas características de la Espiritualidad de la Acción

Oración y acción vividas en armonía cada día permiten que toda nuestra vida se convierta en un gesto litúrgico. San Pablo nos dice en su carta a los Romanos que “nos ofrezcamos a nosotros mismos como un sacrificio vivo agradable al Padre”[5], para dar gloria a Dios y responder al Señor Jesús que nos exhorta a que “brille nuestra luz ante los hombres, vean nuestras obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos”[6].

A continuación vamos a presentar algunas características de la Espiritualidad de la Acción. En la medida que te propongas vivirlas, cooperando con la gracia irás creciendo en ellas progresivamente.

 

a. La adhesión obediente y amorosa al Plan de Dios

En el Plan de Dios discernimos las coordenadas de nuestro recto despliegue, para así darle gloria con toda nuestra existencia, con la segura confianza de que es Él, quien obrará en nosotros y a través de nosotros obras maravillosas, si vivimos cotidianamente esa apertura a su gracia.

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b. El ejercicio continuo de la presencia de Dios

Ponernos en presencia de Dios nos ayuda a colocar en el primer plano de nuestra existencia diaria el divino Plan y su intencionalidad, permitiendo que penetre toda nuestra vida y nuestras acciones nutriéndolas de un espíritu de oración, con la conciencia de saber, como San Pablo dice “en Él vivimos, nos movemos y existimos”[7].

 

c. Dar gloria a Dios con nuestro despliegue personal

La conciencia del despliegue personal, como un acto que da gloria a Dios es fundamental para vivir la espiritualidad de la acción. En la medida en que la persona humana se realiza, respondiendo a sus dinamismos fundamentales según el Plan de Dios, da gloria a Dios con su propia felicidad.

 

“María dijo: Mi alma glorifica al Señor y me espíritu se goza en Dios mi salvador”[8].

d. La consagración de las intenciones

Esto significa comenzar el día con la intención u opción fundamental de consagrar amorosamente todos nuestros actos para la gloria de Dios. Esta consagración debe renovarse a lo largo del día, en los propósitos y resoluciones tomadas. En este punto resulta muy importante el examen continuo de las propias intenciones a lo largo de la jornada.

e. La vivencia cada vez más intensa del proceso de amorización

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Como bien sabemos se trata de ir “Por Cristo a María y por María más plenamente al Señor Jesús”, respondiendo a la invitación del Señor Jesús desde lo alto de la Cruz a profesar un amor filial a María, reconociéndola como Madre y profundizando en su Inmaculado Corazón, dejando que la desbordante presencia de Jesús llegue a nuestro propio corazón y nos enseñe a amar con sus mismos amores: al Padre Eterno con un amor obediencial; a María, su Madre y nuestra madre también, con profunda piedad filial; y a los seres humanos, con caridad fraterna.

f. El esfuerzo constante por cambiar nuestros criterios errados por los criterios evangélicos

Hemos nacido en una cultura que nos ha inculcado muchos criterios, ideas, anti-valores, que nos dificultan abrir nuestra mente a la verdad y claridad del mensaje reconciliador del Señor Jesús. Se trata pues de hacer un esfuerzo por cambiar nuestros hábitos mentales, de formarnos en la fe de la Iglesia y en los criterios nacidos del Evangelio, comenzando por conocer al mismo Evangelio Vivo del Padre, que es Jesucristo.

 

“Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto”[9].

g. Cultivar una visión de eternidad

El poner la mirada en nuestro horizonte último, que es la comunión con el Padre, nos hace más sensibles a descubrir el sentido de las realidades cotidianas. Esto nos lleva a descubrir cómo la naturaleza, lo verdadero, lo bueno y lo bello se refiere a Dios. También nos eleva por encima de las circunstancias inmediatas, incluso de las contradicciones con cargas emocionales, del cansancio natural, de los fracasos, del rechazo, del dolor, la incomprensión, del trabajo rutinario o excesivo, para contemplar el horizonte de realización trascendente al que somos invitados.

 

h. Una vida sana y virtuosa 

Se trata de dar gloria a Dios llevando una “vida buena”, equilibrada, buscando que la propia existencia cotidiana responda al designio de Dios. Este “vivir bien”, supone, entre otras cosas, vivir una vida saludable, sana, con los momentos necesarios de actividad y su correspondiente descanso. Implica también un esfuerzo consciente por responder a la gracia con la vivencia de la virtud entendida no sólo como disposición habitual para el bien sino como sentido heroico de la propia vida, vivida en entrega generosa y constante al servicio del Plan de Dios.

 

4. Paradigmas de la vivencia de la Espiritualidad de la Acción

a. Señor Jesús

La vida del Señor Jesús es un claro modelo de la dinámica oracional que tiene como motivo principal realizar la obra encomendada por el Padre. Como mencionó en una de sus catequesis el recordado Juan Pablo II “podemos decir perfectamente que Jesús de Nazaret ‘oraba todo el tiempo sin desfallecer’[10]. La oración era la vida de su alma, y toda su vida era oración”[11].

b. Santa María

En María la madre de Jesús, encontramos un singular ejemplo de la espiritualidad de la acción. El pasaje de la visita a su prima Isabel resulta emblemático como lección de unidad entre oración y acción, integrada en el cumplimiento del Plan de Dios. Y así también en todos los momentos de su vida al lado del Señor Jesús. En María oración y acción se armonizan, pues, en Ella la vida misma se torna oración. El amor que vive se expresa en todo su ser y actuar.

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San José es modelo de la vivencia de la espiritualidad de la acción, pues, tuvo una vida activa,  consagrada totalmente al Plan de Dios. Él cooperando con la gracia, vivió esta unidad de la oración y acción en su vida cotidiana.

 

5. Conclusión

Hacer cotidiano en nuestra vida una dinámica de oración, crea las condiciones para que nuestras acciones sean iluminadas y permanezcan unidas a Quien es la fuente de la Vida.

 

Si sustentamos nuestra vida en la oración, y hacemos de nuestra vida y apostolado una continua oración, permaneceremos unidos a la fuente de la Vida, tal y como sucede con el sarmiento y la vid. Sólo así podremos responder fielmente al Plan de Dios.

“Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada”[12].

 

Interiorizamos

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“… en Él vivimos, nos movemos y
existimos”.
Hch 17,28.

¿Cómo vivo esto?

“Una espiritualidad de la vida cotidiana no implica otra cosa que buscar responder con coherencia y fidelidad a nuestra opción fundamental por el Señor Jesús. Es hacer de toda nuestra vida un verdadero gesto litúrgico, transformando toda nuestra existencia en un culto agradable a Dios.

Se trata, pues, de trascender la falsa dicotomía entre fe y vida, entre vida espiritual y actividad cotidiana, para integrarlas en experiencia y celebración de la fe en todas las circunstancias concretas de la propia existencia. Las actividades y trabajos de cada día, así como los momentos de esparcimiento y descanso, no deben ser ocasión de ruptura en nuestra opción cristiana, sino que deben ser integradas en una dinámica oracional, para convertirse, de esta manera, en instancias de crecimiento y maduración en la vida cristiana, según el Plan de Dios para cada uno”[13].

Preguntas para el diálogo

• ¿Qué dificultades encuentra el hombre de hoy para tener momentos
fuertes de oración?

• ¿Qué desafíos se presentan para que las acciones que realizas en tu vida
cotidiana, sean verdaderamente “acciones orantes”?

 

Vivamos nuestra fe

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¿Qué haré para cooperar con la gracia?

Acciones personales

• Reflexiona en las siguientes preguntas:

  — ¿Mantienes “momentos fuertes” de oración en tu día? ¿Cómo? ¿Cuál es tu experiencia?

 — Describe con tus propias palabras lo que significa “acción orante”. ¿Qué medios te ayudarían a vivir mejor esa dimensión en tu día? Anota por lo menos 3 medios concretos.

  — Medita en los rasgos de la Espiritualidad de la Acción y piensa: ¿Cómo puedo hacer para ser fiel a la espiritualidad a la que el Señor me ha llamado y así desplegarme viviendo esos rasgos característicos?

• Medita el Camino Hacia Dios n. 92 en: www.caminohaciadiocom/chd-pornumero/122-92

• Ofrece tu día a Dios rezando a nuestra Madre, el Acto de consagración:

“Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me entrego del todo a ti, y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón en una palabra todo mi ser ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad. Guárdame y protégeme como hijo tuyo. Amén”.

Acciones Comunitarias

• Mediten como agrupación, en el pasaje de la visitación de María a su pariente Isabel y explicar, ¿cómo se da la unidad entre la oración y la acción de María?, ¿Cómo podrían vivir esta actitud que nos enseña la Madre?

• Organicen un video forum con la película “Testigo del tiempo” (12:01). Luego dialoguen sobre la importancia de vivir adecuadamente cada día y en las cosas más pequeñas.

• Lean los numerales 33-35 de la Constitución Pastoral Gaudium et spes y reflexionen en el grupo.

Celebramos nuestra fe

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Recemos en Comunidad

Todos:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Lector 1:

“En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios”[14].

Monitor:

Estamos invitados a dar con nuestra vida gloria a Dios, desplegándonos en nuestra vida cotidiana. La regla de oro es buscar responder desde lo profundo de nuestra identidad al Plan de Dios que se manifiesta en las cosas más pequeñas del día.

Cantamos “Jesucristo es el Maestro”.

Todos:

JESUCRISTO ES EL MAESTRO QUE ENSEÑA LA VERDAD
ÉL ES EL HIJO DEL PADRE, ÉL ES HOMBRE DE VERDAD.

1. Con decir “Señor, Señor” sepan que no es suficiente,
ser honrado con la gente es lo que tiene valor.
En las penas y el dolor se conocen los amigos.
Si una higuera no da higos, hay que cortarla no más,
y a tu prójimo amarás, como te amas a ti mismo.

2. Lo que ensucia de verdad y lo que embrutece al hombre,
permitan que se los nombre es el odio y la maldad.
No se cansen de mirar cada día la natura
y descubran la hermosura que Dios puso en cada flor,
el mundo será mejor si miran con alma pura.

3. No anden tan preocupados por lo que van a comer,
que mi Padre sabe bien de qué están necesitados.
Él cuida de los sembrados, del jilguero y del zorzal,
busquen todos por igual el Reino con alma pura
y Dios por añadidura la comida les dará.

Lector 2:

Vayamos dispuestos a vivir como María en unidad interior, buscando acoger la gracia del Señor que se nos otorga cada día para hacer de nuestra vida una liturgia continua que con nuestras obras dé gloria a Dios.

Todos:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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NOTAS

1. 1Cor 10, 31.

2. Rm 12, 1.

3. Catecismo de la Iglesia Católica, 2697.

4. Ver Gaudium et spes, 22.

5. Ver Rm 12, 1.

6. Mt 5, 16.

7. Hch 17, 28.

8. Lc 1, 47.

9. Rm 2, 2.

10. Ver Lc 18, 1.

11. Juan Pablo II, La oración del Hijo al Padre, 22 de julio de 1987, 1.

12. Jn 15, 5.

13. Camino hacia Dios n. 15 en: www.caminohaciadios.com/chd-por-numero/42-15.

14. 1Cor 10, 31.

  • Los siguientes archivos van a ayudarte a preparar tu reunión de grupo. (Todas las indicaciones y material que encontrarás aquí para el animador, también se encuentran en el DVD DEL ANIMADOR, que puedes solicitarlos en [email protected])
  • 1. Descarga aquí la estructura del tema.
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  • 2. Motivaciones iniciales
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  • 3. Actividades
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  • 4. Texto – El santo de nuestro mundo
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  • 5. Texto – Sé un testigo fiel y valeroso
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  • 6. Video - Un chicle y el amor al prójimo
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  • 7. Video - Sobre el valor
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  • 8. Canción - Jesucristo es el maestro
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  • 9. Canción – Jesucristo es el maestro
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  • 10.Texto – Referencias del Catecismo
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