T. La Eucaristía: ¿Es la Eucaristía importante en mi Vida?

Miramos la realidad

“El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía’. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: ‘Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía’. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva”.

“El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía’. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: ‘Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía’. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva”[1].

El Señor Jesús, en su infinito amor por nosotros, murió en la Cruz, entregando su propia vida para que nosotros pudiésemos participar de la vida divina. Mediante su sacrificio generoso, venció la muerte. Pero eso no es todo. Además de haber muerto, resucitado y ascendido al cielo, el Señor Jesús no nos deja solos. Él mismo nos prometió que estaría con nosotros “todos los días hasta el fin del mundo”[2], lo que ha querido hacer no sólo de una manera espiritual, sino que también ha querido acompañarnos mediante su presencia real en medio de nosotros, bajo la apariencia de pan y de vino, en el sacramento de la Eucaristía.

 

 

 

¿Eres realmente consciente de la importancia vital
que tiene la Eucaristía en tu vida?

 

Iluminamos al mundo con la fe

"Tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: ‘Tomad, comed, éste es mi cuerpo’”[5].

“Tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: ‘Tomad, comed, éste es mi cuerpo’”[4].

1. La Eucaristía[3]

En la última Cena, el Señor Jesús instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y su Sangre.

La Sagrada Eucaristía que forma parte de los sacramentos de la iniciación cristiana, es el sacramento del cuerpo y la sangre del Señor Jesús bajo las especies de pan y vino consagrados.

 

“Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura”[5].

La Sagrada Eucaristía que forma parte de los sacramentos de la iniciación cristiana, es el sacramento del cuerpo y la sangre del Señor Jesús bajo las especies de pan y vino consagrados.

a. Eucaristía Sacrificio

“El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio: ‘La víctima es una y la misma. El mismo el que se ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes, el que se ofreció a sí mismo en la cruz, y solo es diferente el modo de ofrecer’.

Cristo de San Juan de la Cruz – Salvador Dalí

En la Santa Misa, por medio de la consagración, el sacerdote convierte el pan y el vino ofrecido en el altar, en cuerpo y sangre de Cristo. De esta manera se renueva en el altar el Sacrificio de Cristo en el Calvario. Por esto, la Eucaristía es llamada “memorial” del Sacrificio Redentor. No es otro sacrificio distinto del sacrificio de la Cruz. El mismo Jesús se entrega por nosotros en  él. La única diferencia es que en este Sacramento Él se halla resucitado y glorioso. Así, el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual.

La Eucaristía es un auténtico don del amor de Dios por nosotros. El Señor Jesús, en la muestra más grande del amor del Padre[6], se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres… y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte, y muerte de Cruz[7], obteniendo para nosotros la reconciliación definitiva. Pero, aunque en el misterio de la Anunciación- Encarnación, Muerte, Resurrección y Ascensión de Cristo, la obra de la reconciliación, se realizó una vez y para siempre, el mismo Señor Jesús quiso dejarnos en el misterio eucarístico el memorial de su sacrificio reconciliador. Cada vez que se celebra la Eucaristía, se reactualiza el mismo sacrificio del Hijo de Santa María[8]. En cada Eucaristía, el Señor Jesús sigue despojándose de sí mismo para tomar la apariencia de Pan y Vino, y ofrecerse nuevamente al Padre por nosotros.

“El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio: ‘La víctima es una y la misma. El mismo el que se ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes, el que se ofreció a sí mismo en la cruz, y solo es diferente el modo de ofrecer’[9][10].

En el sacrificio de la cruz, Cristo se ofreció a sí mismo una vez de modo cruento[11] y en la celebración Eucarística, es decir, la Santa Misa se contiene e inmola incruentamente[12].

Este don maravilloso lo hacemos nuestro mediante la participación activa en la Celebración Eucarística. En la Eucaristía -sacramento de comunión con Dios y con los hermanos- nos unimos al sacrificio reconciliador del Señor Jesús. Unidos a Él en un solo Cuerpo[13], nos ofrecemos con Él al Padre. Todas nuestras obras y esfuerzos, oración, apostolado, alegrías, tristezas y dolores, son presentadas al Padre en el altar, unidas a la ofrenda más digna y agradable que le podemos hacer:  su propio Hijo.

 

eucaristia accion de gracias

b. Eucaristía Acción de gracias[14]

La Eucaristía[15] es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por todos sus beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la redención y la santificación.

En el Sacrificio Eucarístico, toda la creación amada por Dios es presentada al Padre a través de la muerte y resurrección de Cristo. Él une los fieles a su persona, a su alabanza y a su intercesión, de manera que el sacrificio de alabanza al Padre es ofrecido por Cristo y con Cristo para ser aceptado en Él.

 

La Eucaristía no sólo es la plenitud de nuestra vida cristiana, sino también la fuente de donde brota toda su vitalidad.

La Eucaristía no sólo es la plenitud de nuestra vida cristiana, sino
también la fuente de donde brota toda su vitalidad.

c. Eucaristía Comunión[16]

Jesús es el Pan de Vida que se nos ofrece como alimento. Sólo en el Hijo de Santa María podemos saciar nuestros anhelos más profundos, nuestra hambre de Dios, nuestra nostalgia infinita de felicidad y de plenitud. Y no hay manera más íntima y profunda de unirnos a Dios -mientras dure nuestro peregrinar en la tierra- que recibiéndolo a Él en este sacramento. Quien comulga se une más íntimamente con el Señor Jesús y, por lo tanto, participa más plenamente de su propia vida divina. La Eucaristía es un adelanto sacramental de la gloria a la que estamos llamados: la comunión y participación con Dios-Amor.

La Eucaristía es también sacramento de unidad y del amor fraterno. Es un sacramento de unidad de la Iglesia. La misma noche que Jesús instituyó la Eucaristía, instituyó el mandamiento del amor. Por lo tanto, la Eucaristía y el amor a los demás tienen que ir siempre juntos. Jesús instituye la Eucaristía como prueba de su inmenso amor por nosotros y pide a los que vamos a participar en ella, que nos amemos como Él nos amó.

En la Eucaristía, el Pueblo de Dios encuentra su plenitud de comunión y de participación. Sacramento de unidad por excelencia, la Eucaristía es el punto de partida para la edificación de una auténtica comunión fraterna, fuente de reconciliación.

“El Señor, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin. Sabiendo que había llegado la hora de partir de este mundo para retornar a su Padre, en el transcurso de una cena, les lavó los pies y les dio el mandamiento del amor”[17].

 

d. Eucaristía Banquete

La Eucaristía la instituyó el Señor Jesús en la última cena que celebró con sus apóstoles, en la que Él mismo se dio como alimento, en la fracción del pan y el vino. Por esto también la Eucaristía es banquete[18].

“La misa es también el banquete sagrado de la comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor… la celebración del sacrificio eucarístico está totalmente orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo por medio de la comunión. Comulgar es recibir a Cristo mismo que se ofrece por nosotros”[19].

La Santa Misa, es el banquete sagrado, en el que recibimos a Jesucristo como alimento de nuestras almas. Comulgar es recibir a Jesucristo sacramentado en la Eucaristía; de manera que, al comulgar, entra en nosotros Jesucristo vivo, verdadero Dios y verdadero hombre, con su cuerpo y sangre.

La Iglesia manda comulgar al menos una vez al año, en estado de gracia[20]; y “a participar los domingos y días de fiesta en la Santa Misa”[21], además “recomienda vivamente la comunión frecuente estos días, para que la participación en el sacrificio del Señor Jesús sea completa”[22].

“La Iglesia vive de la Eucaristía”[23]; ella es el núcleo hacia donde tiende toda la acción de la Iglesia. El Sacrificio Eucarístico es “fuente y cima de toda la vida cristiana”[24].

 

e. Presencia real del Señor Jesús en la Eucaristía 

“¿Quién no necesita de un amigo con quien caminar a lo largo de la vida? ¿Quién no necesita de una persona que nos escuche y acoja con el mayor aprecio? ¿Quién no necesita de alguien con quien compartir la alegría fraterna de la amistad, y siempre dispuesta para ayudarnos en los momentos difíciles? El mejor de estos amigos es Jesús, nuestro Reconciliador, a quien podemos recibir en el Sacramento de la Eucaristía, y a quien también podemos visitar, acompañándolo ante el Sagrario, en el silencio de una capilla o de una iglesia”[25].
La presencia real del Señor Jesús entre nosotros, acompaña nuestra vida.

La presencia real del Señor Jesús entre nosotros, acompaña nuestra vida.

El Señor Jesús está en la Eucaristía, verdadera, real y sustancialmente presente, todo entero, vivo y glorioso, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, bajo cada una de las especies y bajo cualquier parte de ellas. Es por eso que la Hostia consagrada no es una “cosa”, aunque lo parezca; es una Persona Divina, es Jesús vivo y verdadero. Él mismo se convierte en “Pan de Vida”[26], en “Pan vivo”[27] que sale a nuestro encuentro para participarnos de la misma vida de Dios y para estar cerca a nosotros y transformar nuestro corazón.

Esta presencia singular nos habla del gran amor que el Señor Jesús nos tiene. No sólo nos ha reconciliado por su muerte en la cruz, sino que ha querido quedarse con nosotros para ser alimento y fortaleza en nuestra vida cristiana. En este sacramento el Señor nos muestra de manera más excelente su amor que llega “hasta el extremo”[28].

La presencia real del Señor Jesús en la Eucaristía no se agota en la Celebración Eucarística. Jesús ha querido también permanecer con nosotros en el Sagrario, de manera que podamos visitarlo, abrirle nuestro corazón y compartir con el Amigo fiel nuestras inquietudes y esperanzas; presentar la reverente adoración o elevar la agradecida acción de gracias; el sincero arrepentimiento o la petición llena de confianza, en la intimidad de la oración. Aquel anhelo tan humano de intimidad más profunda con el Señor Jesús, de búsqueda del Hijo de María en su proximidad con nosotros, encuentra eco en la presencia real, verdadera y sustancial de Cristo en la Eucaristía.

Visitar al Señor Jesús que está en el Sagrario de una iglesia es signo de nuestro amor hacia Él, así como de nuestra entrega y compromiso cristiano. Es fuente de gracia y fuerza para avanzar en nuestro camino de santidad, así como en la misión apostólica. Jesús no es una idea o un sentimiento, ni un recuerdo —nos enseña Juan Pablo II— Jesús es una persona viva y presente entre nosotros.

Él se hace frágil, al punto de hacerse presente en un pequeño pedazo de pan, para así compartir nuestras alegrías y los momentos difíciles… Por esto estamos llamados a amar a Jesús, presente en la Eucaristía.

La Eucaristía es también prolongación sacramental del misterio de la Encarnación, de manera que el Hijo de Santa María continúa siendo el Dios con nosotros, para siempre.

2. Frutos de la Eucaristía

• Al recibir la Eucaristía, nos adherimos íntimamente con Cristo Jesús, quien nos transmite su gracia.

• La Eucaristía fortalece la caridad, que en la vida cotidiana tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales.

• La Eucaristía nos preserva de futuros pecados mortales, pues, cuanto más participamos en la vida de Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más difícil se nos hará romper nuestro vínculo de amor con Él.

• La Eucaristía es el Sacramento de la unidad, pues, quienes reciben el Cuerpo de Cristo se unen entre sí en un solo cuerpo: La Iglesia. La comunión renueva, fortifica, profundiza esta incorporación a la Iglesia realizada ya por el Bautismo.

• La Eucaristía nos compromete a favor de los pobres; pues, el recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo que son la Caridad misma nos hace caritativos.

 

Interiorizamos

“Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: Aquí tenéis al hombre” Jn 19, 5

“…He aquí que yo estoy
con vosotros todos los días
hasta el fin del mundo”.
Mt 28,2.

¿Cómo vivo esto?

“Este aspecto de caridad universal del Sacramento Eucarístico se funda en las palabras mismas del Salvador. Al instituirlo, no se limitó a decir ‘Éste es mi cuerpo’, ‘Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre’, sino que añadió ‘entregado por vosotros… derramada por vosotros’[29]. No afirmó solamente que lo que les daba de comer y beber era su cuerpo y su sangre, sino que manifestó su valor sacrificial, haciendo presente de modo sacramental su sacrificio, que cumpliría después en la cruz algunas horas más tarde, para la salvación de todos”[30].

Preguntas para el diálogo

• ¿Eres consciente del inmenso don del Amor de Dios al entregarse por ti en la Eucaristía?

• ¿Confías en que puedes alcanzar la santidad cooperando con la gracia que recibes en la Eucaristía?

• ¿Cuándo comulgas, eres reverente con Quien estás recibiendo? ¿Qué puedes hacer para mejorar tu disposición interior?

• ¿Visitas al Santísimo? ¿Lo consideras algo importante en tu vida cristiana? ¿Por qué?

Vivamos nuestra fe

Subsidin

¿Qué haré para cooperar con la gracia?

Acciones personales

• Medita las siguientes citas bíblicas durante la semana. Éstas te ayudarán a amar la Eucaristía:

   — La Eucaristía es anunciada por los profetas: Gén 14,18-19.

   — Jesús es el Pan de Vida: Jn 6,34-35.

   — Alimento para la Vida Eterna: Jn 6,54.

   — Se entrega por nosotros: Jn 6,33.

   — Se instituye la Eucaristía: Mt 26,26- 28; 1Cor 11,24-26.

   — La Eucaristía nos une a Cristo y a la Iglesia: 1Cor 10,16-17.

   — Nuestra actitud frente a la Eucaristía: 1Cor 11,27-29.

• Lee la carta apostólica Dies Domini, de Juan Pablo II, en ella podrás comprender mejor la importancia del domingo en la vida cristiana, en el que la participación de la celebración Eucarística es fundamental.

• Participa activamente en una celebración eucarística todos los domingos y  fiestas de guardar; y si puedes también durante la semana.

• Visita al Santísimo Sacramento, por lo menos una vez, en esta semana. Te proponemos una guía en la hoja de anexo.

• Medita el Camino hacia Dios n. 220, ¿Qué es la visita al Santísimo Sacramento?. Puedes encontrarlo en www. caminohaciadios.com

Acciones Comunitarias

• Asistan como Agrupación Mariana a la Misa dominical, u otra Misa durante la semana.

• Vean en grupo el video sobre los Milagros Eucarísticos y conversen sobre los aspectos más destacados o sobre lo que les llamó más la atención.

 

Celebramos nuestra fe

rezando

Recemos en Comunidad

Todos:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lector 1:

“Tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: ‘Tomad, comed, éste es mi cuerpo’”[31].

Lector 2:

Señor Jesús te damos gracias por tu presencia en medio de nosotros, y especialmente por acompañarnos cada día de nuestra vida con tu presencia en la Eucaristía. Ayúdanos a aprender de ti y hacer de nuestra vida una entrega constante y sin medidas a los hermanos.
Cantamos juntos: “Oh Dios Eucaristía”.

Todos:

¡OH DIOS EUCARISTÍA!
¡OH CRISTO REY DE AMOR!
A TI LA FE NOS GUÍA,
A TI GLORIA Y HONOR. (2v)

1. Cual ciervo a la corriente
que sus ardores calma,
así va ansiosa el alma
de su ventura en pos,
y encuentra el agua viva
que apaga sus anhelos,
en Ti, Pan de los cielos,
en Ti, que eres su Dios.

2. De paz y de ventura,
Jesús, Hostia Divina,
es fuente cristalina:
id almas al altar.
Gustad en Él piadosas,
su santo Sacramento.
Él da dicha y contento;
Él es nuestro manjar.

3. ¡Oh almas, que oprimidas
lloráis vuestros pesares!
Jesús, en los altares,
a todas dice así:
Tomad: éste es mi Cuerpo
y es Sangre de mis venas.
Yo alivio vuestras penas;
vivid siempre de Mí.

Lector 3:

Madre buena, te damos gracias por el gran amor que nos tienes. Ayúdanos a cooperar con la gracia que recibimos en la Iglesia a través de los Sacramentos. Ayúdanos a responder con fidelidad y generosidad ante el inmenso don de Amor que tu Hijo nos regala en la Eucaristía. Rezamos juntos:

Todos:

Dios te salve María
llena eres de gracia
el Señor es contigo;
bendita tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la ahora
de nuestra muerte. Amén

Todos:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

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NOTAS

1. 1Cor 11, 23b-26.

2. Ver Mt 28, 20.

3. Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 1322-1344.

4. Mt 26, 26.

5. Sacrosanctum Concilium, 47.

6. Ver 1Jn 4, 9-10.

7. Ver Flp 2, 7-8.

8. Ver Mt 26, 26-28; 1Cor 11, 23-25.

9. Concilio de Trento: DS 1743.

10. Catecismo de la Iglesia Católica, 1367.

11. Cruento: sangriento, RAE.

12. Incruentamente: sin derramamiento de sangre, RAE.

13. Ver Rm 12, 5; 1Cor 12, 27.

14. Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 1360-1361.

15. Eucaristía viene del griego “eucharistein”, (Ver Lc 22,19; 1Cor 11,24), significa acción de gracias. Esta palabra recuerda las bendiciones judías que proclaman —sobre todo durante la comida— las obras de Dios: la creación, la redención y la santificación. Ver Catecismo de la Iglesia Católica 1328

16. Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 1331

17. Catecismo de la Iglesia Católica, 1337.

18. Ver 1Cor 11-20; Catecismo de la Iglesia Católica, 1329.

19. Catecismo de la Iglesia Católica, 1382.

20. La Eucaristía requiere ser acogida en estado de gracia, es decir, libre de pecados mortales y con la conciencia en paz con Dios y los hermanos. Por ello, la Iglesia recomienda la confesión frecuente.

21. Ver Código de Derecho Canónico, 1247

22. Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 1389.

23. Ver Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, 1.

24. Ver Lumen Gentium, 11.

25. Camino hacia Dios, 220.

26. Ver Jn 6, 35; 48.

27. Ver Jn 6, 51.

28. Ver Jn 13, 1.

29. Lc 22, 19-20.

30. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, 12.

31. Mt 26, 26.

  • Los siguientes archivos van a ayudarte a preparar tu reunión de grupo. (Todas las indicaciones y material que encontrarás aquí para el animador, también se encuentran en el DVD DEL ANIMADOR, que puedes solicitarlos en [email protected])
  • 1. Descarga aquí la estructura del tema.
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  • 2. Motivaciones iniciales
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  • 4. Video – Escena de la Eucaristía – La Pasión de Cristo
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  • 7. Canción - Oh Dios Eucaristía
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